domingo, 7 de febrero de 2016

Un fin de semana de Ciudades Patrimonio de la Humanidad - Día 2



 El domingo por la mañana seguimos la ruta con la idea de encontrarnos con uno de los recintos amurallados más importantes de toda Europa… Y una vez que subimos los escalones de los Cuatro Postes y vemos Ávila desde lo alto, nos damos cuenta de lo acertados que estábamos. Sus calles son todo un viaje en el tiempo envuelto en ese velo de misticismo que le dio Santa Teresa.
 
Casco histórico de Ávila


 De nuevo buscamos transformar una pesada etapa de transición por carretera hasta Toledo en un atractivo más para nuestro viaje. Descartamos la gris ruta por autopistas vía Madrid y nos lanzamos a la Carretera Nacional N-403. Esta carretera nos regala un paisaje montañoso plagado de berrocales primero y de dehesas después, separados por el Embalse del Burguillo. 

Embalse del Burguillo

Pero aún hay más. En nuestro camino nos encontramos con uno de los centros de la mitología celtíbera, los Toros de Guisando, lugar que además fue el escenario del nombramiento de Isabel la Católica como heredera a la corona de Castilla. La apuesta no podría haber salido mejor, ya que nos llevamos una dosis de paisaje, historia y misterio por el mismo precio.

 
Los Toros de Guisando


 Y por fin… llegamos a la Ciudad de las Tres Culturas, nuestra última parada. No hay mejor carta de presentación de Toledo que bordear el Tajo y observarla desde la distancia. Si conseguimos hacernos una pequeña idea de toda la historia que encierra ese entramado de calles, podemos sentirnos más que satisfechos. Ya con el pie en tierra, cruzamos el Puente de Alcántara, escalamos a la Plaza Zocodover y desde ahí tratamos de seguir una línea lo más recta posible para no perdernos la Catedral, Santo Tomé y el barrio judío con sus sinagogas.


Panorámica de Toledo


 En resumen, ha sido una primera salida del año más que productiva. Un viaje de dos días que nos ha permitido conocer un pedacito más del gran patrimonio cultural que tenemos el privilegio de tener en nuestro país. 

Tiempo de deshacer la maleta, esperando que no pase mucho tiempo vacía.

Atardecer en La Mancha



sábado, 6 de febrero de 2016

Un fin de semana de Ciudades Patrimonio de la Humanidad - Día 1



Afortunadamente, este 2016 no se ha hecho mucho de rogar y ya me ha brindado la ocasión de hacer el primer viaje del año. El reto era considerable: visitar nada menos que cuatro ciudades declaradas Patrimonio de la Humanidad en un fin de semana. Teniendo en cuenta que el punto de salida era Granada, este reto exigía un buen madrugón, aunque lo hicimos de muy buen gusto. Y ya que habíamos madrugado tanto y Madrid era un punto de paso obligado, decidimos entrar y hacer una visita panorámica. ¿Es posible sacarle jugo a toda una capital como Madrid en menos de dos horas? Por supuesto. Un recorrido en la van entrando desde Las Ventas hacia el Retiro, Puerta de Alcalá y Cibeles para continuar por el eje de la Castellana (Paseo Recoletos, Santiago Bernabéu, Torres Kio, Paseo del Prado) y finalmente el eje Gran Vía (Edificio Metropol, teatros, Plaza de España) para acabar en el Templo de Debod. Una propuesta interesante para llevarse una idea bastante amplia de la ciudad en tiempo récord. 

Torres Kio


En poco más de una hora llegamos a nuestra primera parada “oficial”: Segovia. Justo a tiempo para ir a probar el famoso cochinillo, rodeado de todo su ritual. Una vez recargadas las baterías, nos vamos a descubrir esta joyita castellana. Atravesamos de lado a lado el casco histórico, partiendo desde el imponente acueducto, disfrutando por el camino de lugares tan singulares como la Casa de los Picos o la Plaza Mayor y reviviendo la leyenda de la mujer muerta. En esta ocasión, decidimos salir de la ciudad por el norte para así llevarnos en la retina la imagen de ese auténtico castillo de cuento que es el Alcázar.

Alcázar de Segovia

De un salto nos plantamos en nuestro siguiente destino. Si Salamanca es espectacular durante el día, ya de noche se le añade un toque mágico. Aprovechando que la temperatura acompañaba, no cometimos el error de llegar con la furgoneta hasta el mismo hotel, sino que nos dimos el lujo de atravesar el puente romano y dar un paseo por las Catedrales, la Universidad y la Plaza Mayor hasta dar con nuestro alojamiento. Una inversión de unos pocos minutos que da a cambio una primera impresión de la ciudad, diría que imborrable.


Salamanca de noche

En el primer día hemos cubierto el 50% de las cuatro ciudades marcadas en nuestro objetivo... ¿Lograremos cumplirlo?

lunes, 18 de enero de 2016

Arrancamos...


Me pregunto qué hay de cierto en una frase que leí hace unos días. Decía algo así como que un viaje comienza justo donde termina el área de confort de uno mismo. Me cuesta recordar alguna de las veces que he salido del hogar para visitar otro lugar y no haya encontrado esa sensación de confort. Un tipo de comodidad muy diferente a la que hay en la casa propia, pero comodidad al fin y al cabo.

¿Tendrá esto algo que ver que en su momento eligiera unos estudios llamados “Diplomatura en Turismo”? Tiene pinta. Una formación que me serviría para lanzarme a este apasionante mundo, en un primer lugar desde la recepción de un hotel. Recibir turistas en tu establecimiento, explicarle los lugares más bonitos de tu ciudad o recomendarles dónde pueden paladear la verdadera gastronomía local está genial… pero hacer algo parecido ese “confort” que da el extranjero ¡tenía que ser lo más! Dicho y hecho… carretera y manta…

La primera parada fue Malta, que me brinda la ocasión para hacer de representante de un turoperador español. A ver si lo he entendido bien… ¿Me tengo que ganar la vida recibiendo turistas, acompañándolos a su hotel, asesorándoles sobre las mil posibilidades que tienen en el país que me ha cautivado, elaborándoles una hoja de ruta para que expriman ese maravilloso archipiélago en cuatro días, todo ello en mi lengua materna? ¿¡Dónde hay que firmar?! No se me ocurría nada que pudiera hacer mi experiencia expatriada aún mejor, pero me equivocaba. 


Se me plantea la oportunidad de volver a vivir la emoción de aterrizar en un país nuevo a la vez que pongo en movimiento el por entonces oxidado Amadeus y aprendo a tratar con una clientela totalmente diferente. Esta vez el destino se llamaba “Austria”, y la tarea “agente de viajes corporativo”. Demasiada tentación, personal y profesional, como para rechazarla. Unos meses fascinantes que me tendieron un puente para el regreso a la península, concretamente a la sobrecogedora Barcelona. Más experiencia en la organización de viajes de negocios, de nuevo en un entorno por descubrir.


Actualmente me encuentro justo al inicio de un nuevo capítulo que comienza a escribirse desde Andalucía, con toda su magia. He intentado poner en un saco todos los elementos que han aportado energía a mi vida: la curiosidad por ir a ese sitio que se me posa en la imaginación, la inquietud por descubrir rincones invisibles en un mapa, darle una vuelta de tuerca a lo que se da normalmente por sentado, comentar con un familiar de visita lo que he visto o leído… El resultado no podía ser otro: GUÍA TURÍSTICO.