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jueves, 24 de marzo de 2016

Chorrojumo, el Rey de los Gitanos



Hoy os traigo la historia de uno de los muchos personajes pintorescos que ha dado mi ciudad adoptiva actual: Granada.

Pongámonos en situación. Estamos en medio del siglo XIX. Por un lado, tenemos a una clase social alta cada vez más interesada en el turismo. Estos visitantes buscaban, más que contemplar monumentos, vivir en primera persona una serie de extrañezas culturales que, de alguna manera, dieran notoriedad a sus viajes.


Foto: todocoleccion.net

En la otra cara de la moneda, tenemos a una clase obrera que trabajaba de sol a sol para ganar apenas para vivir. A este grupo pertenecía Mariano, el herrero del Sacromonte. Este emprendedor fue capaz de identificar las necesidades de los acomodados viajeros que visitaban Granada y vio en ellas una forma de ganarse la vida más gratificante que la durísima fragua. Complementó sus rasgos castizos con una vestimenta goyesca y su característico sombrero de catite, se buscó un nombre acorde a su imagen y se lanzó a los bosques de la Alhambra. Había nacido el personaje de Chorrojumo, el rey de los gitanos.

Foto: agrafi.es

Ya sólo su sobrenombre le da cierta peculiaridad. Lo único que se sabe seguro es que hace referencia a un “chorro de humo”. Hay quien piensa que le llamaban así porque siempre iba fumando. Puede ser que fuera por la forma de su sombrero, que recuerda a una chimenea. Quizás fuera por la rapidez con la que se esfumaba una vez conseguida su propina. Lo cierto es que tenía la piel tan oscura que parecía que le había dado un “chorro de humo” en la cara.

En un primer momento se limitó a deambular por el recinto de la Alhambra y se dejaba hacer fotos a cambio de unas monedas. Después comenzó a vender postales y a dar paseos con los turistas mientras visitaban el recinto mientras les contaba alguna que otra historieta (poco importaba que ya las hubiera contado antes Washington Irving en sus Cuentos de la Alhambra si las hacía propias con tanto aplomo). Poco a poco logró tanta popularidad o más que el propio monumento. Una visita a la Alhambra sin el aderezo de su personaje podía llegar a resultar sosa. Luchando contra su avanzada ceguera y sus numerosos imitadores (se dice que era bastante común encontrarlo enzarzado en una pelea a garrotazos contra ellos) se dedicó a dar vida a los palacios hasta el último día de la suya: ya cumplidos los ochenta años, murió en plena visita.

Foto: granada21.wordpress.com

Chorrojumo fue el primer kiosquero que vendió postales, el padre de las gitanas que leen la mano en la calle Oficios y el inventor de las cenas con espectáculo flamenco. Pero sobre todo, fue el pionero de la profesión que a algunos como a mí nos apasiona: el primer guía turístico de Granada.

Homenaje del Sacromonte a Chorrojumo

lunes, 18 de enero de 2016

Arrancamos...


Me pregunto qué hay de cierto en una frase que leí hace unos días. Decía algo así como que un viaje comienza justo donde termina el área de confort de uno mismo. Me cuesta recordar alguna de las veces que he salido del hogar para visitar otro lugar y no haya encontrado esa sensación de confort. Un tipo de comodidad muy diferente a la que hay en la casa propia, pero comodidad al fin y al cabo.

¿Tendrá esto algo que ver que en su momento eligiera unos estudios llamados “Diplomatura en Turismo”? Tiene pinta. Una formación que me serviría para lanzarme a este apasionante mundo, en un primer lugar desde la recepción de un hotel. Recibir turistas en tu establecimiento, explicarle los lugares más bonitos de tu ciudad o recomendarles dónde pueden paladear la verdadera gastronomía local está genial… pero hacer algo parecido ese “confort” que da el extranjero ¡tenía que ser lo más! Dicho y hecho… carretera y manta…

La primera parada fue Malta, que me brinda la ocasión para hacer de representante de un turoperador español. A ver si lo he entendido bien… ¿Me tengo que ganar la vida recibiendo turistas, acompañándolos a su hotel, asesorándoles sobre las mil posibilidades que tienen en el país que me ha cautivado, elaborándoles una hoja de ruta para que expriman ese maravilloso archipiélago en cuatro días, todo ello en mi lengua materna? ¿¡Dónde hay que firmar?! No se me ocurría nada que pudiera hacer mi experiencia expatriada aún mejor, pero me equivocaba. 


Se me plantea la oportunidad de volver a vivir la emoción de aterrizar en un país nuevo a la vez que pongo en movimiento el por entonces oxidado Amadeus y aprendo a tratar con una clientela totalmente diferente. Esta vez el destino se llamaba “Austria”, y la tarea “agente de viajes corporativo”. Demasiada tentación, personal y profesional, como para rechazarla. Unos meses fascinantes que me tendieron un puente para el regreso a la península, concretamente a la sobrecogedora Barcelona. Más experiencia en la organización de viajes de negocios, de nuevo en un entorno por descubrir.


Actualmente me encuentro justo al inicio de un nuevo capítulo que comienza a escribirse desde Andalucía, con toda su magia. He intentado poner en un saco todos los elementos que han aportado energía a mi vida: la curiosidad por ir a ese sitio que se me posa en la imaginación, la inquietud por descubrir rincones invisibles en un mapa, darle una vuelta de tuerca a lo que se da normalmente por sentado, comentar con un familiar de visita lo que he visto o leído… El resultado no podía ser otro: GUÍA TURÍSTICO.